2/17/2016

Los organismos como APPS. La marcha de Genetistas, Cabalistas y Programadores...


Antony Evans es CEO y cofundador de Glowing Plant.  Desde allí lanza una propuesta inquietante: dar los primeros pasos hacia lo que podríamos llamar un “sistema de alumbrado sostenible” utilizando plantas que brillan (literalmente) en lugar de luz eléctrica.
Las plantas luminosas desarrolladas por Glowing Plant son un ejemplo de los adelantos en el terreno de la biología sintética, ya que la cadena de ADN que otorga bioluminiscencia a estos vegetales es diseñada enteramente a partir de software de diseño genético (Genome Compiler's software).


Destaco alguna frases del video:

“Veo a los organismos como apps…”
“Estamos entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será casi tan sencillo como diseñar una app para móviles”
 “La secuenciación del ADN es nuestra capacidad de LEER los genes del entorno, la síntesis del ADN es nuestra capacidad de ESCRIBIR nuevas secuencias de ADN”

El modo en que Evans explica el proyecto tiene fuertes resonancias con el concepto de homeotécnica acuñado por el filósofo alemán Peter Sloterdijk para quien estamos entrando en una era poshumanista en las que despuntan nuevos escribientes: programadores y genetistas.  

“Tal vez lo que llamo homeotécnica no sea diferente de lo que había sido imaginado previamente en la Cábala. Como es sabido, ésta constituye la tentativa de descubrir e imitar los procedimientos por escrito de Dios. Los cabalistas fueron los primeros a los que quedó claro que Dios no era ningún humanista, sino un informático. Él no escribe textos, escribe los códigos. Quien pudiera escribir como Dios, daría al concepto de escritura un significado que ningún escribiente humano ha entendido hasta el momento. Los genetistas y los informáticos escriben ya de otra manera. También en este sentido ha comenzado una era poshumanista.” (Peter Sloterdijk en “El sol y la muerte. Investigacionesdialógicas”, Ed Siruela, p. 136)


Mientras veía el video sobre Glowing Plant imaginaba una escena: dentro de 50 años un joven de unos 20 años ingresa a un local en plena peatonal rosarina, un extraño híbrido entre tienda y laboratorio. Se acerca al mostrador y entrega una especie de certificado mientras realiza ademanes como si estuviera pagando, luego se sienta en una sala de espera. A los pocos minutos se abre una puerta y aparece un hombre con delantal blanco mencionando su apellido, el joven se levanta e ingresa al consultorio (llamemoslé así a falta de un nombre mejor). Luego de aproximadamente media hora se abre la misma puerta y se lo ve ahora con gafas oscuras. Estrecha la mano del ¿doctor?, “no te los quites por ocho horas”, le dice, y se retira.


A la mañana siguiente sale de su casa camino al trabajo. Mientras camina, ya sin gafas oscuras, se encuentra de frente con dos ancianos uno de ellos lleva una remera mangas cortas que deja lucir una inscripción. Se saludan y al dejarlo atrás uno de ellos, susurra: “Qué bárbaro la juventud de hoy… nosotros nos hacíamos tatuajes, nos llenábamos de aros pero no más que eso. Pero vos decime… andar con ojos fosforecentes eso ya es cualquier cosa” 
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