2/13/2013

Humanidades Digitales. De la forma aditiva a la epistemología política/experimental




La “ciencia normal” es según Khun el periodo de mayor estabilidad dentro un paradigma científico. En la intimidad de sus márgenes priman los acuerdos tácitos respecto de qué clase de problemas se tratan de resolver, sus fundamentos ontológicos y los métodos que se deben utilizar a tales fines. Aún cuando alguno de estos problemas se resista se mantiene la esperanza de que se trata de una cuestión de tiempo e intensificación de los procedimientos y supuestos ya existentes. A esta clase de problemas el autor de “La estructura de las revoluciones científicas” los llama “enigmas”.

Las anomalías en cambio son harina de otro costal,  son problemas a consecuencia de los cuales los supuestos se tambalean, los métodos se revisan y los investigadores son despertados del sueño acumulativo. Cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas podría ser la sentencia de un científico ante la anomalía. Esta a diferencia de los enigmas replantean y reconfiguran no solo las preguntas sino las propias prácticas de investigación. 

Siguiendo esta definición queda claro que los objetos de estudio pueden en un momento mostrar su aspecto monstruoso obligando a reconfigurar el mapamundi científico, pero… ¿puede la incorporación de tecnología digital, de software, a la investigación en humanidades provocar una desestabilización tal como la que Khun describe en el caso de las anomalías? En qué medida el adjetivo digital señala una reconfiguración micropolítica radical de las prácticas de investigación, y no es solo un atributo más que se le añade a un sustantivo indiscutido. O mejor, como se pregunta David Berry en “Humanidades Digitales: Primera, Segunda y Tercera Ola”, puede un medio generar un cambio epistémico? (Berry, 2011). La respuesta es “sí y no”.

No, en la medida en que se insista en la incorporación de “lo digital” según su forma aditiva (Murray, 1999) en la que se busca hacer lo mismo por otros medios, como ocurrió con el cine mientras se lo pensó como teatro filmado. Esto ocurre siempre que se asume la utilización de las herramientas digitales como instrumentos accesorios de la mano de un sujeto investigador que sería el único que piensa, se pregunta y actúa.

Sí, cuando de lo que se trata es de experimentar en torno a la pregunta ¿cómo es la cultura, la política y la economía luego de haber sido ‘softwarizada’? Atendiendo a la geolocalización, las bases de datos en tiempo real, la infovisualización, la retórica procedural y ejerciendo una hermenéutica del código bajo el signo de una fenomenología tecnológica (Lash, 2005). Pero fundamentalmente asumiendo que lo que se da en llamar la tercera generación en humanidades digitales es un modo de practicar la investigación en ciencias humanas haciéndose cargo y explicitando el carácter distribuido, en una red de agentes humanos y no humanos, de dicha acción (Latour, 2012).

A la luz de esta epistemología política y experimental las humanidades habrán dado un viraje importante que significará sin duda una continuidad pero que a la vez sumaría otra ola que redoble la apuesta a favor del desdibujamiento de la figura del hombre “como en los límites del mar un rostro de arena(Foucault, 1968).


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Bibliografía:
Berry, D. (2011). Humanidades Digitales: Primera, Segunda y Tercera Ola. (C. D. UBA, Trad.)
Foucault, M. (1968). Las palabras y las cosas. Madrid: Siglo XXI.
Lash, S. (2005). Crítica de la información (1ª ed. en castellano ed., Vol. 1). (H. Pons, Trad.) Buenos aires, Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
Latour, B. (2012). Cogitamus. Seis cartas sobre las humanidades científicas. Quilmes: Paidós.
Murray, J. H. (1999). Hamlet en la holocubierta. El futuro de la narrativa en el ciberespacio. Barcelona: Paidós.

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