11/17/2012

Divertimento: Leibniziano ante la muerte

Mientras leo las clases de Deleuze sobre Leibniz compiladas en “Exasperación de la filosofía”, me resultan absolutamente atrapantes las ideas en torno al cálculo diferencial, las magnitudes infinitamente pequeñas y fundamentalmente la noción de continuidad.

Según explica G.D para Leibniz hay continuidad cuando el caso contrario de algo dado, por ejemplo el reposo como opuesto al movimiento, puede ser considerado como incluido en la noción de ese algo dado. Siguiendo el ejemplo el reposo no sería considerado como ausencia de movimiento (lo cual generaría una discontinuidad entre ambos), sino como uno de los extremos del movimiento, es decir, como un movimiento infinitamente pequeño. Se entiende? El movimiento no ha desaparecido sino que su reducción ha tendido al infinito, aún sigue ahí… pero su magnitud es infinitamente pequeña.

Siguiendo estos conceptos me encontré jugando modestamente con otros opuestos: presencia/ausencia. Imaginando que la ausencia, puntualmente esa ausencia definitiva que es la muerte, fuera un caso extremo de la presencia. Imaginé entonces la hipotética situación en la que un Leibniziano ante la muerte de un ser querido asuma que éste no ha desparecido físicamente, sino conciba que su presencia se ha virtualizado, esto es que su realidad física se ha vuelto inasignable (no puedo contarlo para un partido de fútbol, comer un asado o darle un abrazo) pero no obstante aún determinada (él/ella sigue estando). La presencia de ese otro desde el momento de su muerte, nos dirá, no ha desaparecido ocurre que ahora coincide con la mía. Más aún la relación entre ambos no ha desaparecido aún cuando uno de los términos ha reducido infinitamente su extensión. La muerte como presencia infinitesimal, curiosa idea, no?

 En fin, un divertimento de lectura que quería compartir… ahora los dejo con un divertimento musical.

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