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5/12/2015

¿Burbujas de filtro? Hacia una fenomenología agorítmica - 1 de 3




En marzo del 2011 el estadounidense Eli Pariser brindó una conferencia TED titulada “Cuidado con la burbujas de filtro en la web” y en mayo del mismo año publicó un libro bajo un nombre similar (The filter bubble). Esta tuvo gran repercusión en la red al punto de llegar ser traducida a más de cuarenta idiomas y contar (al momento de redactar este trabajo) con un número de visitas cercano a los 3.300.000. Quién hasta allí fuera reconocido tan sólo por su desempeño como activista político (Moveon.org) llamó la atención de muchos poniendo sobre la palestra una cuestión poco vislumbrada y nulamente criticada desde un punto de vista sociotécnico. Él la llamó burbujas de filtro.


¿Qué son las burbujas de filtro?


Según Pariser nuestro acceso a la información está condicionado por el diseño algorítmico de las plataformas que usamos para ingresar a la web. Desde el 2009, año en que Google decidió tomarse más en serio el registro del comportamiento de sus usuarios para ofrecer resultados “a medida”, Internet ha virado hacia la personalización de los contenidos.

Desde entonces los algoritmos no han dejado de conjeturarnos. Incesantemente se preguntan acerca de cuáles son los intereses de los usuarios detrás de los navegadores para luego construir nuestros perfiles y en función de estos intentar predecir qué contenidos queremos ver y cuales publicidades les conviene ofrecernos.

Para probar esta afirmación basta realizar dos búsquedas sobre el mismo tema desde ordenadores diferentes (el ejemplo utilizado por el autor es sobre el término “Egipto”). Lo que veremos al hacerlo es que en ambos casos obtenemos distintos resultados. Es decir, ante búsquedas idénticas obtenemos resultados diferentes.

Esto según su análisis representa un grave problema. El peligro detrás de la divergencia, en apariencia carente de importancia, es el de la atomización informativa. Las configuraciones maquínicas que mueven a estas plataformas amenazan con operar una desconexión simbólica con los otros. La predicción de nuestros deseos a partir de la traza de nuestros movimientos pasados y basada tan sólo en el criterio de relevancia atentaría contra la posibilidad de seguir habitando un universo simbólico compartido. Cada quién quedaría encerrado en la reproducción de su recorrido, en la condescendencia informativa. Preso de su propia burbuja.


Burbujas y democracia


La preocupación de Pariser sobre las burbujas de filtro involucra indirectamente el problema de la privacidad y la venta de datos. Sin embargo su planteo  acerca los criterios de selección y organización de la información que utilizan Google y Facebook (entre otros), está fundamentalmente ligado a otra pregunta. A saber, ¿son estas configuraciones las más convenientes para un contexto democrático, o no?

La regla con la que juzga el papel que estas plataformas deberían cumplir en dicho contexto presupone una relación de continuidad con los medios masivos anteriores. Así como lo hicieran sus antecesores predigitales los actuales algoritmos deben contribuir a la percepción de un espacio compartido y de una agenda informativa común.

La democracia que trae Internet aún no ha llegado”, dice. En nuestras burbujas de filtro vemos lo que los diferentes sistemas creen que queremos ver y no lo que tenemos que ver. Según Parisier no sólo no decidimos lo que vemos sino, lo que juzga aún más grave, no tenemos idea de lo que queda afuera.

Su propuesta superadora tiene que ver con construir un debate en torno a la ética de los algoritmos. Así como los gatekeepers de los medios masivos en su momento se sometieron a cuestionamientos similares, hoy debemos apuntar a la inteligencia maquínica que constituye nuestras plataformas de acceso a la información en la web.

Hay que avanzar en dirección de un enriquecimiento cualitativo de las variables a partir de las cuales se ecualizan los criterios de personalización del contenido. No sólo la idea de relevancia sino también la de inconformidad, contenido estimulante e importante deberían ser parte de la ecuación.

¿Qué muestran? ¿Qué dejan afuera? ¿Por qué lo hacen? ¿Con cuales criterios? ¿Qué saben de nosotros? El modo en que operan, ¿está en sintonía con la manera en que creemos debemos organizarnos y convivir como colectivo? Todas estas preguntas no pueden quedar ajenas a las discusiones sobre la ecología mediática que habitamos y el modo en queremos rediseñarla.

Pero para poder seguir la traza del problema planteado por Pariser tendremos antes que hacer una genealogía. Una que nos ubique en la emergencia de la tecnología que habilitó todas las conjeturas maquínicas de las que hablamos más arriba. Una genealogía mediática. La genealogía de una “galleta”.


Genealogía de una galleta


La verdadera historia, según cuenta Borges, suele ser pudorosa. Los hechos relevantes pueden pasar desapercibidos y sus fechas esenciales permanecer ocultas durante mucho tiempo. La historia de los medios en general y la de la Internet en particular nos son la excepción. Lou Montulli fue protagonista de uno de esos hechos.

Corría el año 1994. Un equipo de desarrolladores de Netscape Communications abocado a resolver la implementación de un carro de compra online para una aplicación de comercio electrónico tuvo que afrontar un desafío técnico. Los representantes del cliente solicitaban que encontrasen una forma de guardar los estados de transacción en el ordenador de cada usuario y no ya en el servidor de la empresa como se hacía habitualmente.

Montulli, un programador de tan solo 23 años que formaba parte del equipo de desarrollo tuvo una idea para resolver el inconveniente. Tenía la solución para lograr que los ordenadores recordarán la información de cada sesión. La llamó cookie. No se trataba de software ni de código, sino tan sólo de datos almacenados en el ordenador del usuario a pedido del servidor web.

Lou Montulli


A partir de este pequeño gran invento de Montulli, los navegadores y los sitios webs comenzaron a recordarnos. Las cookies ofrecieron las “huellas mnémicas” algorítmicas con las que la la web comenzó a construir a sus “usarios modelo”. Esas escurridizas entidades situadas en la conjunción entre cuenta de usuario, ordenador y browser.

Que el navegador nos sugiera nuestro “username”, que no tengamos que loguearnos cada vez que ingresemos a un sitio y que el buscador hable nuestro idioma son tan solo algunas de las posibilidades habilitadas por este desarrollo.



Una breve descripción…


Las Cookies se pueden diferenciar según:
El tiempo que permanecen activas:
  • Persistentes, es decir que tienen una fecha de caducidad definida a fin de sobrevivir a varias sesiones de navegación. Una vez cumplida esa fecha los datos registrados desaparecen.
  • No persistentes, se eliminan cuando el navegador se cierra.

El seguimiento que hacen del usuario…
  • Locales, sólo registran las acciones de los usuarios dentro del sitio.
  • De terceros, registran los movimientos del usuario más allá de un sitio específico. Se usan generalmente con fines publicitarios.

También se distinguen según el tipo de dato que registran. Entre las que encontramos las del tipo preferencias (idioma, nº de resultados visibles en una búsqueda, localización, etc), seguridad (id, últimas conexiones, etc.), procesos (ligado al funcionamiento de los sitios web) y las relacionadas con la publicidad (entre otras).



Según leemos en Wikipedia, en ausencia de las cookies cada petición de una página web o un componente de una página web sería un evento aislado, sin relación con el resto de las peticiones de otras páginas del mismo sitio. Ergo, esta tecnología representó sin dudas una notable innovación.

Pero en el terreno de los medios como lo supo ver McLuhan, las innovaciones, los cambios nunca son avances. Siempre se trata de desplazamientos laterales sobre los múltiples puntos cardinales del espacio mediático. Cuyos efectos responden a una dinámica compleja, indeterminada.  

Así fue que Montulli no imaginó (¿cómo podría?) que una simple galleta como le gustaba llamarle, se convertiría en el primer eslabón de una enrevesada cadena alimenticia digital. Donde la publicidad online, la venta de datos personales y las burbujas de filtro entre otros, se contarían entre las especies deformes de ese ecosistema.

Continuará....

4/28/2015

Las PASO 2015 en digicom: una entrevista con Efialtes



El desfiladero de Termóplidas

Cae la noche electoral. No es exactamente la batalla de las Termópilas pero se le parece bastante. Los “300” candidatos, esta vez sin un Leónidas que los comande, se saben superados en número por el electorado de Jerjes. Cada uno de ellos tiene un objetivo que los acerca y los opone: mostrarse, aparecer ante los votantes persas de las PASO.


Han consultado a los Éforos del marketing político y estos le han vendido una antigua fórmula: instalarse en estrecho paso de la Termóplidas de las estrategias del broadcast y el impacto sobre miles conformada por anuncios en la TV y la Radio, afiches (gigantes, medianos, pequeños), pintadas, altavoces móviles, banners y una larguísima lista de etcéteras.


Facebook es el Efialtes de esta historia. El jorobado y deforme medio que le ofrece a los 300 sus servicios como soldado, pero que es rechazado porque su cuerpo es incapaz de compatibilizarse con la falange espartana. A diferencia de la historia original, en esta fábula los candidatos han intentado sacarle provecho al cuasimodo digital pero siempre tratando de hacerlo funcionar de manera idéntica a la de los otros miembros de la falange publicitaria.


A los ojos de esas intenciones Efialtes acentúa su joroba y deformidades. Su anatomía miscelánea, no lineal, redológica y algorítmica finalmente los traiciona. En el desfiladero hay grietas. Él es esas grietas por donde proliferan las voces de una arquitectura par a par que le resulta esquiva (al menos hasta ahora) a las estructuras y estrategias políticas tradicionales.


Una entrevista con Elfiates

En el “Seminario de integración y producción” (UNR, Lic. en Comunicación Social, 5° año) estamos rumiando la cuestión del exodarwinismo tecnológico y su relación con la fenomenología algorítmica. En esta dirección quisimos urgar en la relación entre el Efialtes/Facebook y el contenido electoral relacionado a las PASO 2015 en la provincia de Sante Fe.  


De modo que diseñamos una consigna de muestreo en el que cada alumno debió tomar 6 muestras durante una semana en horarios diferentes atendiendo a las últimas 20 publicaciones presentes en su timeline de Facebook (tanto para la versión “recientes” como “destacados”). En cada caso debieron contabilizar, clasificar y copiar/pegar en este documento en Google Drive aquellas publicaciones que tuvieran contenido político electoral según fueran: actualizaciones de estado, publicaciones en un grupo, en una fanpage, anuncios (en el timeline o en la barra lateral) y según se tratase de texto, enlaces, imagen, video.
Para más detalles, aquí está la consigna completa: http://goo.gl/DxCdfo

Recolectamos los datos, los procesamos y finalmente hicimos una analítica de los datos numéricos y textuales de la muestra. Estos son algunos resultados de nuestra entrevista con Elfiates:

Análisis de datos numéricos




A diferencia de lo que podríamos suponer, el análisis muestra un bajo impacto del algoritmo que organiza las publicaciones en la versión "Destacados" de las páginas de inicio de Facebook respecto del contenido político. Comparado con la versión "recientes", donde el criterio dominante es el del tiempo real y el orden cronológico inverso, las diferencias no son significativas (4%).


En el contexto de todos los tipos de publicaciones de contenido político electoral la presencia de los anuncios (barra lateral y timeline) ha quedado licuada. En ambos casos (destacados y recientes) representa tan solo el 13%. Las actualizaciones de estado y las imágenes han sido las de mayor peso constituyendo el 67% del contenido político (37% y 30% respectivamente).


Análisis textual







En cuanto al análisis textual de los contenidos registrados hay que aclarar que no se avanza en la clasificación de las menciones de los candidatos según un gradiente de crítica/adherencia.

Es notable la presencia del candidato a la gobernación por el PRO Miguel Del Sel quien en primera instancia aparece en las publicaciones desligado de los otros candidatos del partido. No así en los registros más cercanos temporalmente a las elecciones en el que sus menciones aparecen acompañadas por la de otros miembros del partido (Macri y Anita Martinez).

Más notable aún, teniendo en cuenta la envergadura del aparto publicitario del que disponían (muy por debajo de los otros candidatos presentes en la muestra), es la presencia del candidato a concejal por el Movimiento Giros Juán Monteverde y la del candidato a diputado por el Frente Social y Popular Carlos Del Frade.


Atendiendo nuevamente al análisis de las frecuencias de menciones (realizado con la herramienta Bubble Line de Voyant), es significativo el hecho de que cada candidato aparece o bien mencionado sólo o junto a los otros candidatos del partido al que pertenecen. Quizás esto sea un indicador de que los espacios de debate entre candidatos no es lo que abunda en tiempos de campaña.



Salvo raras excepciones la gran mayoría insiste en su oficio de espartano prefiriendo el desfiladero y sostieniedo el mismo grito de guerra de antaño, aunque la traición de Efialtes se hace cada vez más insostenible. Habrá que mutar la estrategia?

Esperemos que sí...

4/25/2015

Mi timeline y los medios monádicos

Grafo de contactos en Facebook obtenido con la aplicación Yasiv.com/facebook

Misceláneo 
Abro Facebook y configuro mi página de inicio según la opción “Recientes” para que me muestre las publicaciones de mis contactos sin ningún otro criterio maquínico de selección que el del orden cronológico inverso (lo último que se publicó aparece en el tope). Me fijo en los 5 primeros post, esto es lo que veo:
  1. Un anuncio sobre el lanzamiento de una editorial de libros digitales 
  2. Una publicación que indica que uno de mis contactos cumple años y que 52 personas ya lo saludaron. 
  3. Una foto en la que etiquetaron a un amigo festejando el cumpleaños de no sé quien. 
  4. Un enlace compartido sobre uno de los candidatos de las próximas elecciones (a 3 personas que no conozco les gusta esto).
  5. Una noticia del diario Crónica, compartida por un estudiante de periodismo, sobre una joven endemoniada en San Juan.


Mi facebook es misceláneo... como el tuyo. Lo que vemos, leemos, miramos, es producto de una compleja conjunción de interfaz, tiempo, topologías de red, acción humana y algorítmica. Tan lejos ha quedado aquella certeza con la que el abuelo respondía a la pregunta ¿que pasó hoy (en la ciudad, la provincia, el país o el mundo)? tomando el diario del día mientras sus ecos noticiosos rebotaban en la radio y/o la TV. Tales medios coincidían en la presuposición de que habitamos un mundo objetivo (aunque sujeto a interpretaciones) y común (que nos precede).
 
¿Qué pasó en Facebook hoy? no parece tener el mismo sabor. Definitivamente no.

Facebook nos habla de los clústeres de los que participamos. En Facebook no hay portada, no hay un espacio informativo objetivo (el mismo para todos). La página de inicio es nuestra puerta de entrada a las actualizaciones del sistema. Pero las actualizaciones del sistema no se dicen en un sentido general. Las actualizaciones son las actualizaciones de nuestros contactos. 

¿Línea? de tiempo
En un sentido genérico, el del libro es un relato lineal. Se parece a recorrer un camino en el que cualquier evasión de la recta es un gesto en muchos casos enriquecedor pero siempre fuera de programa.  

El del periódico (que leía el abuelo) es un formato que se relaciona a la vez que rompe con la macro linealidad y sucesión temporal del libro. Presenta relatos de menor extensión sobre acontecimientos que ocurren más o menos simultáneamente. Su presentación, aunque no hace gala de la coherencia de su antecesor está claro que no es caótica, las distintas secciones salvan al diario de parecerse a la miscelánea original de Schoot. Es menos un camino lineal que un mosaico.



El timeline de Facebook tampoco es una línea. 
Se trata de relatos que, independientemente de cual sea su contenido, tienen el signo de una biografía. El mensajero es importante, todo lo que se dice, comparte y comenta está atravesado por el nombre propio. Se sitúan en el doble juego de apropiación interpretativa de lo público y la apertura a la interpretación pública de lo “íntimo”. Nos hemos convertido en gatekeepers de nuestra vida en las pantallas.
Lo que hacemos cuando leemos nuestra página de inicio carece de la continuidad extendida constitutiva de la linealidad, en Facebook nos la pasamos “dando saltos”. Al igual que en el periódico las publicaciones en las líneas de tiempo de nuestras redes rompen con la linealidad por vía de la aceleración. El horizonte temporal sobre el cual se construye el criterio de simultaneidad se ha intensificado. El timeline le pisa los talones al presente. Ya no es información del día, ahora se trata del tiempo real. 

No menos que aquella enciclopedia china citada por Borges, estas “líneas” de tiempo también nos descolocan al ofrecer en una única secuencia disparidades de lo más remotas. Sin otra regla sintáctica que la de la vecindad temporal, sin necesidad siquiera de una aclaración. Lo que llamamos línea de tiempo es una serie de heterogéneos, teselas informativas discontinuas que nos hablan del mundo de un modo distinto al que lo hacían (¿hacen?) los medios masivos. 

Sin puerta ni ventana
 
Con Facebook ya no estamos frente a la presencia de una “ventana abierta al mundo” como versaba la frase de Alberti que, desde la pintura a la TV pasando por la fotografía, el cine y los medios impresos, ofició de metáfora madre para comprender la frontalidad emisora de los medios predigitales.

Las plataformas de redes sociales son menos representacionales que emergentes/enactivas, menos atomizadas que singulares (monádicas), menos cartesianas que leibnizianas... trataré de explicarme.

Gottfried Wilhelm Leibniz, el primer gran filósofo alemán, inventó el concepto de mónada para hacer referencia a un tipo de sustancia simple que mantenía una relación particular con el mundo. Según Leibniz, no existe un espacio llamado mundo que preceda a los seres que lo habitan. El mundo es para la mónada y la mónada es para el mundo.

Esta relación no se parece en absoluto a la que planteara su antecesor francés René Descartes, para quien los sujetos sí viviamos en un mundo objetivo compartido con el que manteníamos una relación por vía de la REPRESENTACIÓN (nada menos que la versión filosófica de lo que Alberti dijo de la pintura). La mónada, por el contrario, es “sin puerta ni ventana” como un espacio cerrado sobre si mismo (pero sin ser solipsista) en el que el mundo despliega su espectáculo. 

Para ser más precisos hay que decir que la mónada no accede al mundo en un sentido general sino al mundo en un sentido singular. Es decir, accede a la región del mundo que se corresponde con ella. La mónada es para el mundo y el mundo es para la mónada

Como en un nudo gordiano es imposible discernir cuál es el inicio de esta relación. Es el mismo nudo gordiano al que nos enfrentamos cuando queremos dar con el polo emisor y el  polo receptor en las redes de muchos a muchos. Un intento tan absurdo como el querer dar un aplauso con una sola mano.
Escher, "Galería de grabados"

Del mismo modo en “Galería de grabados” de Escher tampoco podemos establecer donde termina el cuadro y empieza el mundo y viceversa (y sin embargo lo que vemos no tiene nada de encierro).

El individuo del grabado bien podría ser cualquiera de nosotros revisando su “timeline”.
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